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El Sustento de la Cordura (Cap. 4) Doble Puerta

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Capítulo 4: Doble puerta Aquella noche, la Sala del Equilibrio no estaba en calma. Al cruzar el umbral del sueño, Orate percibió una vibración violenta en el aire. No era el silencio de un mausoleo, sino la tensión que precede a una tormenta. Frente a él, dos puertas contiguas permanecían abiertas de par en par. Sus luces colisionaban en el centro de la sala mientras luchaban por el dominio de una misma mente. De la primera brotaba una claridad cálida y envolvente: la esencia del Amor. De la segunda, un fulgor rojo, caótico y abrasador: El Odio. Las dos fuerzas más poderosas del sistema se estaban despedazando mutuamente. Orate se acercó al dintel, donde los triángulos se retorcían formando dos nombres enfrentados, y fijó su atención en la mente donde se libraba la batalla. La visión lo llevó al salón de una casa sumida en la penumbra. En el sofá se encontraba un joven de veinte años, con la mirada perdida en el vacío y las manos temblando de rabia estéril. Su vida había sido feliz y l...

LA PUERTA DEL DOLOR

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EL UMBRAL El hombre alcanzó la puerta, la abrió y, en el instante en que su pierna derecha cruzó el umbral, el tiempo se detuvo. Quedó suspendido bajo el marco; su anatomía ya no respondía, solo le era permitido girar la cabeza. Frente a él no había nada: la estancia se había desvanecido. En su lugar emergieron dos líneas paralelas que evocaban el cauce de dos ríos. Uno, de curvas sutiles, irradiaba una armonía de aguas lentas e imperturbables. El otro, de una sinuosidad abrupta, sugería una corriente indómita que jamás se dejaría doblegar. Giró la vista y sus ojos recorrieron su pasado, desde la infancia hasta el presente. Mientras observaba su historia, notó que algo fallaba: aparecían secuencias que no recordaba haber protagonizado. Inconscientemente, volvió a mirar hacia atrás; ahora los episodios extraños se multiplicaban y tuvo la certeza de que aquellos no le pertenecían. Se sentía un espectador contemplando el vacío, como si aquella existencia fuera ajena. De nuevo fijó la vis...

El Sustento de la Cordura (Cap. 3) L a Puerta de la Esperanza

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Capítulo 3: La puerta de la Esperanza Aquella noche, el Consejo seguía desierto. Al cruzar el umbral del sueño, Orate recorrió la inmensa Sala del Equilibrio en un silencio absoluto que se extendía sobre los asientos vacíos de los dirigentes. Cada uno de ellos continuaba actuando por libre en el mundo tangible. Orate avanzó con paso firme hasta detenerse ante una nueva puerta. A diferencia de la luz verdosa y densa que había contemplado la noche anterior, de aquel umbral brotaba una claridad limpia, templada y constante, similar al destello de una llama que se niega a apagarse en mitad de la tormenta. Al alzar la vista, los seis triángulos del dintel comenzaron a desplazarse en sincronía hasta ordenarse en una única palabra: Esperanza. Orate se asomó sin llegar a cruzar el umbral. Su mente, blindada tras la crisis que lo había apartado del mundo, observó el interior con la serenidad de un cirujano. La visión lo trasladó al vestíbulo de un hogar de acogida. Las paredes desgastadas y el ...

El Sustento de la Cordura (Cap. 2) La Puerta De La Envidia.

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                                        Aquella noche, Orate no encontró al Consejo reunido. Cuando cruzó el umbral del sueño, la Sala del Equilibrio aparecía completamente vacía. Ya conocía la norma de aquel lugar: sabía que el Consejo solo se reunía cuando el equilibrio del sistema corría peligro y que, el resto del tiempo, cada esencia actuaba por libre sobre las mentes de los humanos. Detrás de cada asiento había una puerta, siempre distinta, siempre en transformación; no como un objeto fijo, sino como la representación de algo que cambiaba con el tiempo. Sobre cada dintel podían verse seis triángulos: tres con los vértices apuntando al techo y tres apuntando al suelo, formando un rectángulo. Todas estaban cerradas, excepto una, que permanecía entreabierta, dejando escapar el reflejo de una luz verdosa, densa, casi enfermiza. Orate se acercó y, al alzar la vista, observó cómo los triá...

DOLOR EN EL PARQUE. La ilusión de un amor imposible

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  La observó entrar por la puerta acompañada de dos hombres. Trabajaba en una de las agencias de publicidad más reconocidas de la ciudad y, al igual que sus acompañantes, vivía viajando. Y como una vez al mes, se hospedaba en el hotel. Como siempre que la veía, la desazón y la desesperanza de lo inalcanzable se apoderaban de él; Comprobó que su atuendo fuese el correcto para su cargo. Sabía que tenía un rostro de facciones duras, así que puso una tímida sonrisa en sus labios para dulcificar sus rasgos, dándole una apariencia de profesional atento y servicial. Se dirigió hacia ellos como correspondía al gerente del establecimiento, dando la bienvenida con una rápida mirada a los tres. Toda su fuerza de voluntad fue puesta a prueba al cruzarse con los ojos de ella para no quedarse en aquella mirada de color verde el tiempo necesario para descubrir sus pensamientos; por un instante, creyó ver una chispa de burla en ellos. Llamó al encargado de los equipajes para que los subiera a las ...

EL ÚLTIMO CONTRAPESO. Suspenso historia de vida sacrificio

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EL ÚL TIMO CONTRAPESO Las circunstancias son las que demuestran hasta dónde llega el sacrificio de cada persona. Ellas nos hacen ver lo iguales y, a la vez, tan distintos que somos los seres humanos. Estaba allí, al borde del barranco, con los once restantes: seis hombres, cuatro mujeres y dos niños. Él era el conductor. Las lluvias habían reblandecido el terreno, provocando que la parte trasera del vehículo derrapara hasta quedar suspendida en el vacío sobre un desfiladero de rocas afiladas a unos cincuenta metros de profundidad. El autobús se hallaba en un equilibrio precario, como un balancín, manteniéndose sin despeñarse únicamente porque el grupo de pasajeros se había arremolinado en la parte delantera. La única opción que se le ocurría era evacuar por la puerta frontal. Pero, cuántos lograrían bajar antes de que la estructura se desplomara? Los gritos de histeria se mezclaban con los murmullos de los más templados y el silencio de los aterrorizados; la gente se aferraba entre sí...

El Sustento de la Cordura (Cap. 1): La Fractura de Orate. ADN humano.

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La Fractura de Orate Se había criado con los valores de la honestidad, la verdad y la honradez, sumados a todos aquellos que debían hacer reinar la paz y la armonía. Con el paso de los años fue descubriendo que aquello no era real, y a cada pilar levantado que se desmoronaba con él caía un trozo de su mente, hasta arrastrarlo a aquella crisis existencial. Orate fue testigo de cómo el entorno devoraba esos principios a través de la mezquindad de los pequeños detalles cotidianos: la palabra rota, la hipocresía amable, la deslealtad sutil. Lejos de rendirse, intentó corregir el rumbo del mundo que lo rodeaba. Buscó almas afines, espejos de su propia rectitud en quienes apoyarse para sostener el andamiaje moral. Pero eran tan pocos, tan escasos y dispersos en un océano de conveniencias que sus fuerzas se agotaron. La abrumadora mayoría de la falta de ética en general terminó por sofocar sus intentos. Al final, vencido por la evidencia de que había estado viviendo una utopía. Ni los f...

EL CUARTO PORTADOR realismo mágico terror psicológico misterio sobrenatural

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Había llegado desde la ciudad para pasar unos días con su primo en el pueblo. Durante el día ayudó con las tareas del campo, disfrutando de algo exótico para él. Al anochecer, su primo le propuso ir hasta la casa del abuelo para llevarle la comida, una tarea que cumplía puntualmente cada jornada. Decidieron ir a pie, aprovechando que la distancia no era grande. Al llegar, el recién llegado observó la construcción: una casa de piedra algo deteriorada, con hiedra trepando por las paredes, contraventanas de madera y una puerta partida en dos hojas, de las cuales la inferior era más alta. La hoja superior se encontraba abierta. Su primo habló mientras empujaba la puerta. —Hola, abuelo. Ha llegado la cena y te traigo visita. Entraron directamente en la cocina, una estancia en la que una pequeña hoguera, situada bajo una campana, para la recogida de humos, consumía lentamente unos troncos, reduciéndolos a brasas. Un anciano, alto, de profundas arrugas y cabello canoso, descansaba frente al ...

Vakamulo y el hombre del Bidón-thriller-psicologico-noir

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El hombre se despertó rodando dentro de lo que parecía un cilindro oscuro. Un casco rígido protegía su cabeza durante un descenso que parecía terminar, un viaje donde el estruendo del metal contra la  tierra era la única realidad. Cuando el movimiento cesó de golpe, el dolor de las magulladuras y una oleada de náuseas lo hicieron vomitar dentro del casco que protegía su cabeza. El espacio apenas dejaba margen para moverse; con los brazos pegados al cuerpo, tanteó las paredes lisas buscando una salida, comprobando al cabo de un tiempo que no la había. El miedo que lo atenazaba arrastró a su mente hacia el recuerdo de su familia. ¿Qué sería de ellos?, ¿cómo sobrevivirían sin él? Su esposa, ¿cómo afrontaría el futuro sola? Pensó en su pequeña, en su risa inconfundible, y en sus dos hijos corriendo por el patio. Aquellos pensamientos alimentaron su desesperación. Intentó golpear las paredes del cilindro; sin embargo, el acolchado lo mantenía inmóvil con los brazos a lo largo del cuerpo...